Manuel Manrique: El soldado cojedeño que combatió en veinte batallas por la independencia de Venezuela
El 3 de agosto de 1823, Manrique firmó el acta oficial que puso el clavo final al ataúd del dominio colonial en el territorio. Dos por Venezuela Oficial © 2026 por Dos por Venezuela Oficial está bajo una Licencia Creative Commons Atribución - No Comercial-Sin Derivadas 4.0 Internacional.
En la plenitud de su juventud, con apenas veintiocho años, el general Manuel Manrique cerró los ojos para siempre en Maracaibo, el 30/11/1823. Había nacido en 1795, en la entonces villa de San Carlos de Austria —hoy capital del estado Cojedes—, y en apenas dos décadas de vida militar logró lo que pocos: combatir en veinte campos de batalla bajo las órdenes directas de Francisco de Miranda, Simón Bolívar, Manuel Piar, José Antonio Páez y Manuel Padilla. Su nombre, sin embargo, ha permanecido en una penumbra historiográfica que este artículo pretende disipar.
Orígenes en San Carlos: una villa ganadera y un muchacho de familia ilustre
San Carlos de Austria, asentada en el corazón de los llanos venezolanos, era a finales del siglo XVIII una de las poblaciones más prósperas de la antigua provincia de Caracas, gracias a su riqueza pecuaria. Allí, en 1795, nació Manuel Manrique en el seno de "una familia ilustre y mui respetable", según dejó escrito el biógrafo Ramón Azpurúa en sus Biografías de hombres notables de Hispanoamérica. Esa respetabilidad local, combinada con el ambiente de ebullición independentista que comenzaba a agitar a la juventud caraqueña, marcaría su destino.
Cuando ocurrió el 19/04/1810 —el histórico Viernes Santo que destituyó al capitán general Vicente Emparan—, Manrique era apenas un adolescente. Pero el eco del pronunciamiento del 19 de Abril llegó pronto a San Carlos, y con él, la decisión de alistarse. Junto a otros jóvenes de su misma generación —Celedonio Sánchez, Teodoro Figueredo, Miguel Figueredo y José Ramón Azpurúa—, Manrique "sentó plaza en las fuerzas republicanas". Comenzaba así una carrera militar que lo llevaría de occidente a oriente, y de los llanos a la Nueva Granada.
Primeras campañas: la expedición fallida a Coro y los años sombríos de 1811-1812
Su bautismo de fuego se produjo en 1810, cuando se integró a la expedición de Occidente comandada por el general Francisco Rodríguez del Toro, primo de Bolívar y primer comandante del ejército republicano. El objetivo era someter a la ciudad de Coro, que se había negado a reconocer la Junta Suprema de Caracas. La campaña, sin embargo, resultó un fracaso militar y político: Coro resistió y los republicanos tuvieron que replegarse.
Poco después, en 1811 y 1812, Manrique sirvió bajo las órdenes directas de Francisco de Miranda, el Precursor, en las operaciones que intentaban sostener la frágil Primera República. Fue un período de continuas escaramuzas, carencias logísticas y una creciente desmoralización patriota. La caída de la República llegó con la traición que Azpurúa atribuye al realista Domingo de Monteverde: la capitulación de San Mateo, firmada el 25/07/1812, fue violada por Monteverde, quien desató una persecución "de muerte á todo patriota leal á sus principios".
En ese clima de cacería humana, Manrique logró lo que muchos no: sobrevivir. Se internó en "los bosques y escondites" de los llanos, esperando el momento de reincorporarse a la lucha. Esa capacidad de resistencia en la adversidad —la guerra de recursos que caracterizó la primera fase de la independencia— forjó su carácter.
1813: la incorporación a Bolívar y la Campaña Admirable
La oportunidad llegó en 1813, cuando el brigadier Simón Bolívar irrumpió desde el occidente venezolano en la llamada Campaña Admirable. Manrique no dudó un instante: se incorporó al ejército republicano y comenzó una sucesión de batallas que lo harían acreedor del respeto de sus superiores.
El primero de los grandes combates fue Bárbula, librado el 30/09/1813 en las cercanías de Naguanagua. Allí cayó el coronel Atanasio Girardot, pero las fuerzas patriotas vencieron. Manrique estuvo presente. Luego vino Las Trincheras (03/10/1813), otra victoria que consolidó el avance hacia Caracas. Para finales de 1813, Bolívar había entrado triunfante a la capital, y Manrique ya era un soldado curtido.
1814: Araure, la primera Carabobo y la emigración a Oriente
El año 1814 fue particularmente intenso. En Araure, el 05/12/1813 (aunque el combate se extendió hasta el día siguiente), Bolívar infligió una derrota decisiva al realista José Ceballos. Manrique combatió allí. Luego vino la primera batalla de Carabobo, ocurrida el 28/05/1814, en la que los republicanos, pese a algunos éxitos tácticos, no lograron una victoria definitiva. Manrique también estuvo en ese campo.
Pero 1814 fue también el año de la debacle. Tras la caída de la Segunda República y el sanguinario avance de José Tomás Boves, Manrique tuvo que emigrar hacia oriente, uniéndose a la resistencia que se reorganizaba en la isla de Margarita y en Guayana. Allí comenzaría una nueva fase de su carrera.
Guayana y Apure: con Piar y con Páez
Entre 1816 y 1817, Manrique participó en la campaña de Guayana, primero bajo el mando del general Manuel Piar y luego bajo el propio Bolívar. Fue una guerra de asedios y navegación fluvial, con batallas como El Juncal y la toma de Angostura (hoy Ciudad Bolívar). La experiencia en el sur del Orinoco lo consolidó como oficial de confianza.
Posteriormente fue destinado a los llanos de Apure, donde se puso a las órdenes del general José Antonio Páez, el "Centauro de los Llanos". Allí aprendió el arte de la guerra de caballería y las tácticas de desgaste que caracterizaron a la Legión Británica y a los lanceros apureños. Aunque Azpurúa no detalla las fechas exactas de cada escaramuza, sí consigna que Manrique hizo "parte de la de Apure con Páez", lo que implica su presencia en combates como Las Queseras del Medio (02/04/1819) o la batalla del Yagual.
1818-1820: la guerra interminable en el centro del país
La lista de batallas que sobrevivió Manrique es asombrosa. Azpurúa menciona, sin orden cronológico exhaustivo pero con claridad testimonial: Aragua (posiblemente la batalla de Aragua de Barcelona, 17/08/1814), Yagual (11/10/1816), Angostura (el asedio de 1817), Calabozo (12/02/1818), El Sombrero (28/02/1818), Sémen (nombre que podría referirse a la Batalla de Semén en 1818), Ortiz (26/03/1818), Los Patos, Gámeza (12/07/1819, parte de la campaña libertadora de Nueva Granada) y Vargas. También combatió en Pitayo y Maracaibo.
Cada una de esas citas con la muerte lo dejó con vida, aunque no sin heridas. La guerra en el centro del país entre 1818 y 1820 fue particularmente cruenta: combates de desgaste, sin cuartel, donde la diferencia entre la vida y la muerte era un segundo de ventaja.
La campaña de Nueva Granada y el regreso a Venezuela
En 1819, Manrique formó parte del ejército que Bolívar condujo a través de los Andes para liberar a Nueva Granada. Esa epopeya, que incluyó batallas como Paya, Gámeza y Vargas, culminó en la decisiva Batalla de Boyacá (07/08/1819). Aunque Azpurúa no menciona explícitamente Boyacá, sí consigna "la campaña de Nueva Granada y Venezuela con el Libertador hasta 1821".
En 1821, Manrique regresó a Venezuela para participar en la segunda batalla de Carabobo, librada el 24/06/1821. Esta fue la batalla que selló definitivamente la independencia de Venezuela. Manrique, ya con el grado de general, combatió en el centro de la línea republicana, probablemente bajo las órdenes de Páez o directamente de Bolívar. La victoria fue total y, con ella, la campaña terrestre concluyó.
Maracaibo y el final: la batalla naval del Lago y la muerte del general
Terminada la guerra en el centro, Manrique fue destinado a Maracaibo, donde el realismo aún resistía en la provincia de Coro y en la propia ciudad. Allí se puso bajo el mando del almirante Manuel Padilla, otro oficial de alto rango en la milicia colombiana. El objetivo era "completar la libertad del Zulia".
El combate decisivo fue la Batalla naval del Lago de Maracaibo, librada el 24/07/1823, exactamente cuarenta años después del nacimiento de Bolívar. En esa jornada, la escuadra realista del comandante Ángel Laborde fue derrotada por Padilla, asegurando el dominio republicano sobre el lago y, con él, la independencia definitiva de la región. Manrique participó en esa campaña, aunque Azpurúa no especifica si estuvo embarcado o combatió en tierra.
Pero la victoria fue amarga. Apenas cuatro meses después, el 30/11/1823, Manrique falleció en Maracaibo, cuando se desempeñaba como Intendente del departamento del Zulia dentro de la Gran Colombia. Tenía apenas veintiocho años. La causa de su muerte no es precisada por Azpurúa, pero las condiciones sanitarias de la época y el desgaste de quince años de guerra hacen suponer una enfermedad repentina.
El juicio de Azpurúa y la deuda venezolana
Ramón Azpurúa, quien fuera su compañero de juventud en San Carlos, cerró el esbozo biográfico con un juicio severo pero justo: "Colombia perdió un Oficial de gran mérito: útil en la guerra como soldado valeroso y activo, y mui honrado partidario de la causa americana, prometía ser un hombre importante para la época de paz y de régimen legal, pues era el joven sancarleno mui adicto á la observancia de la lei y al respeto y obediencia á la autoridad".
La frase es reveladora: Manrique no solo era un guerrero, sino un hombre de orden, alguien que comprendía que la independencia no era solo ganar batallas, sino construir instituciones. Por eso Azpurúa reclamó, en 1877, desde Caracas: "Venezuela tiene el deber de recoger las cenizas del General MANUEL MANRIQUE y llevarlas al Panteón Nacional para que las cubra la cúpula del templo de la inmortalidad á la par de las del Padre de la patria".
Ese reclamo, formulado hace casi 150 años, sigue vigente. Las cenizas de Manrique aún no descansan en el Panteón Nacional de Venezuela, a diferencia de muchos de sus compañeros de armas. Es una deuda histórica que la República debe saldar.
Manuel Manrique fue, en esencia, un soldado de la libertad: anónimo para el gran público, pero fundamental para la causa. Combatió desde los diecisiete años hasta su muerte, recorrió medio continente, y sobrevivió a veinte batallas para morir en una cama, no en el campo de honor. Su vida es un recordatorio de que las independencias no las ganan solo los libertadores, sino también aquellos que, sin estatuas ni himnos, estuvieron en cada trinchera, en cada carga de caballería, en cada retirada a tiempo y en cada ataque suicida.
Hoy, al evocar su nombre, no solo honramos a un general cojedeño. Honramos a todos los que, como él, dieron su juventud para que Venezuela existiera como nación.
Véase También
• Batalla de Carabobo 24/06/1821
• Batalla del Lago de Maracaibo
Fuentes Oficiales
- Archivo General de la Nación de Venezuela
- Instituto del Patrimonio Cultural de Venezuela
- Fundación Bancaribe para la Ciencia y la Cultura
- Biblioteca Nacional de Venezuela
Fuentes Académicas
- Saber UCV – Repositorio de la Universidad Central de Venezuela
- SciELO Venezuela – Colección de revistas académicas
- Publicaciones de la Universidad Católica Andrés Bello
Pino Iturrieta, E. (Coord.). (2006). Historia Global de Venezuela: Vol. II. Independencia y siglo XIX. Editorial Globe. ISBN 978-980-6427-15-0. Depósito Legal: lf 53220059002281.
Ramón Azpurúa – Biografías de Hombres Notables de Hispanoamérica. Edición facsimilar completa de los cuatro volúmenes editados en 1877, ampliada con índices alfabéticos, ilustraciones e informaciones biográficas adicionales. Ediciones Mario González, Caracas, 1986. ISBN Tomo I 980-6080-13-0. Depósito Legal: lf B 12.790-86.
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