El brutal Monteverde y los canarios


Domingo de Monteverde, asumió el control político y militar del territorio en 1812. ©Dos por Venezuela Oficial - Archivo histórico digital. 2026. Todos los derechos reservados.

Introducción

La caída de la Primera República en 1812 abrió un capítulo particularmente oscuro en la historia venezolana. Tras la capitulación de San Mateo el 25/07/1812, Domingo de Monteverde, un oficial canario de trayectoria irregular pero de ambición desbordada, asumió el control político y militar del territorio. Su entrada en Caracas el 29/07/1812 marcó el inicio de un régimen caracterizado por la arbitrariedad, la persecución y la aplicación de la llamada Ley de Conquista, una figura jurídica que anulaba las garantías pactadas y convertía a los vencidos en súbditos sin derechos. Este periodo, además, estuvo profundamente influido por la participación de los canarios, quienes vieron en Monteverde una oportunidad para ajustar cuentas con los mantuanos y reconfigurar el orden social. Sin embargo, mientras el centro y occidente quedaban bajo control realista, en Oriente surgía una respuesta inesperada: la resistencia encabezada por Santiago Mariño y los mantuanos orientales, quienes iniciarían un nuevo ciclo de lucha independentista.

29/07/1812: Monteverde entra en Caracas

El 29/07/1812, Domingo de Monteverde hizo su entrada triunfal en Caracas. La ciudad, aún conmocionada por el terremoto del 26/03/1812 y por el colapso político de la República, recibió al jefe realista en un ambiente de tensión y resignación. Aunque la capitulación de San Mateo había establecido condiciones claras para garantizar la vida, libertad y propiedades de los republicanos, Monteverde llegó decidido a ignorar cualquier compromiso previo.

Su entrada estuvo acompañada por una multitud heterogénea: soldados regulares, milicianos, civiles armados y un número significativo de canarios que habían apoyado su avance desde el occidente. Para muchos habitantes de Caracas, la presencia de estas fuerzas representaba no solo el retorno del dominio español, sino también la llegada de un orden social profundamente hostil hacia quienes habían simpatizado con la causa republicana.

Monteverde se instaló rápidamente en el poder, asumiendo funciones civiles y militares sin consultar a las autoridades coloniales superiores. Su autoridad se sustentaba en la fuerza y en la percepción de que había logrado lo que otros comandantes realistas no habían podido: desmantelar la República sin librar grandes batallas.

La violación sistemática de las capitulaciones de San Mateo

Apenas instalado en Caracas, Monteverde comenzó a violar todas las cláusulas de la capitulación firmada con Francisco de Miranda el 25/07/1812. El acuerdo, que debía garantizar un trato digno a los vencidos, fue ignorado de manera abierta y deliberada. En lugar de respetar la amnistía prometida, Monteverde ordenó arrestos masivos, confiscaciones de bienes y persecuciones contra civiles y militares que habían apoyado la independencia.

Entre los primeros afectados estuvieron los oficiales republicanos que se habían rendido confiando en la palabra empeñada. Muchos fueron encarcelados en condiciones deplorables, trasladados a prisiones improvisadas o enviados a Puerto Cabello y La Guaira para ser embarcados hacia las cárceles de España. La traición a Miranda fue uno de los episodios más emblemáticos: detenido en La Guaira, fue entregado a Monteverde y posteriormente enviado a Cádiz, donde moriría en prisión.

Miranda en La Carraca , representación de Arturo Michelena de los últimos días de Miranda, encarcelado en Cádiz , España. Galería de Arte Nacional , Caracas, Venezuela.

La violación de la capitulación no solo evidenció la falta de escrúpulos de Monteverde, sino que también generó un profundo resentimiento entre los republicanos. Este sentimiento sería un factor determinante para el resurgimiento de la lucha independentista en los meses siguientes.

La aplicación de la Ley de Conquista

Para justificar sus acciones, Monteverde invocó la llamada Ley de Conquista, una figura del derecho colonial que otorgaba al vencedor autoridad absoluta sobre los territorios y poblaciones sometidas. Bajo esta interpretación, los habitantes de la antigua República quedaban reducidos a la condición de conquistados, sin derechos civiles ni garantías jurídicas.

La Ley de Conquista permitió a Monteverde:

  • Confiscar propiedades de republicanos sin proceso legal.
  • Ordenar arrestos sin cargos formales.
  • Imponer castigos ejemplares para sembrar el miedo.
  • Reorganizar la administración civil según sus intereses.
  • Favorecer a grupos sociales afines, especialmente a los canarios.

El uso de esta figura jurídica, aunque cuestionado incluso por autoridades españolas, consolidó un régimen de terror que buscaba impedir cualquier intento de reorganización republicana. La arbitrariedad se convirtió en norma, y la persecución política adquirió un carácter sistemático.

Los canarios: aliados, fuerza social y brazo ejecutor

La presencia de los canarios en la campaña de Monteverde fue un elemento decisivo. Desde su llegada a Venezuela en los siglos XVII y XVIII, los inmigrantes canarios habían ocupado posiciones intermedias en la estructura social colonial: no pertenecían a la élite mantuana, pero tampoco formaban parte de los sectores más marginados. Esta posición ambigua generó tensiones con los mantuanos, quienes controlaban el comercio, la política local y las instituciones municipales.

Cuando estalló el movimiento independentista en 1810, muchos canarios se alinearon con la causa realista, no por lealtad ideológica a la Corona, sino por rivalidad económica y social con los mantuanos republicanos. La República, dominada por la élite criolla, no ofrecía garantías de ascenso social para los sectores medios, lo que facilitó la adhesión de los canarios a Monteverde.

Durante la campaña de 1812, los canarios se convirtieron en una fuerza clave para el avance realista. Su participación se manifestó en:

  • Milicias locales que apoyaron el avance de Monteverde.
  • Acciones de represión contra poblaciones republicanas.
  • Administración de ciudades ocupadas.
  • Confiscación de bienes de mantuanos republicanos.

En Caracas, tras el 29/07/1812, los canarios adquirieron un protagonismo inédito. Monteverde los favoreció en cargos civiles y militares, otorgándoles posiciones que antes estaban reservadas para la élite criolla. Este ascenso generó un profundo resentimiento entre los mantuanos, quienes vieron en el régimen de Monteverde no solo una derrota política, sino también una humillación social.

Los mantuanos y el colapso del orden tradicional

La llegada de Monteverde y el ascenso de los canarios alteraron profundamente el equilibrio social en Caracas y otras ciudades del centro. Los mantuanos, que habían dominado la vida política y económica durante décadas, se encontraron súbitamente desplazados. Muchos fueron encarcelados, otros perdieron sus propiedades y algunos lograron huir hacia regiones menos controladas por los realistas.

La ruptura del orden tradicional generó un clima de tensión que se extendió por todo el territorio. La élite criolla, que había sido el motor inicial del movimiento independentista, quedó fragmentada y debilitada. Sin embargo, esta misma fractura sería el germen de nuevas alianzas y estrategias que surgirían en Oriente.

Oriente: el territorio que Monteverde no pudo someter

A pesar de su rápido avance en el centro y occidente, Monteverde no logró consolidar su dominio sobre la región oriental. El Oriente venezolano, con ciudades como Cumaná, Barcelona y Margarita, tenía una dinámica social distinta. Allí, los mantuanos orientales mantenían una relación más estrecha con los sectores populares, y la influencia de la Iglesia era menos determinante que en Caracas.

Además, la geografía oriental —con su litoral, sus islas y su conexión con el Caribe— facilitaba el contacto con fuerzas externas y permitía la llegada de armas, voluntarios y recursos. Este escenario sería fundamental para el surgimiento de una nueva resistencia republicana.

Santiago Mariño: el renacer de la causa republicana

En este contexto emergió la figura de Santiago Mariño, un joven mantuano oriental nacido en el seno de una familia acomodada de El Valle del Espíritu Santo, en Margarita. A diferencia de otros líderes republicanos, Mariño contaba con una red de apoyo sólida en Oriente, donde su familia tenía influencia económica y social.

Tras la caída de la Primera República, Mariño se refugió en Trinidad, desde donde comenzó a organizar un movimiento de resistencia. Su objetivo era claro: recuperar el control del Oriente y reactivar la lucha por la independencia. A diferencia de Miranda, cuya estrategia había sido continental y diplomática, Mariño apostó por una guerra de movimientos rápidos, apoyada por milicias locales y por el descontento generalizado hacia el régimen de Monteverde.

La reacción oriental se consolidó gracias a varios factores:

  • El rechazo a la represión ejercida por Monteverde.
  • La cohesión social entre mantuanos orientales y sectores populares.
  • La capacidad de Mariño para articular alianzas locales.
  • El apoyo logístico proveniente de Trinidad y otras islas del Caribe.

La campaña de Mariño, que comenzaría formalmente en 1813, sería uno de los movimientos más exitosos de la guerra de independencia. Su avance desde Güiria hasta Cumaná y Barcelona demostraría que la causa republicana no había sido derrotada, sino que se preparaba para una nueva etapa.

Monteverde frente al desafío oriental

Mientras Mariño organizaba la resistencia en Oriente, Monteverde enfrentaba crecientes dificultades para mantener el control del territorio. Su régimen, basado en la represión y la arbitrariedad, generó descontento incluso entre algunos realistas moderados. La falta de recursos, la desconfianza hacia sus propios oficiales y la resistencia popular en varias regiones debilitaron su autoridad.

La incapacidad de Monteverde para someter Oriente evidenció las limitaciones de su liderazgo. Aunque había logrado desmantelar la Primera República, no pudo consolidar un orden estable ni ganar la lealtad de la población. Su gobierno, sostenido por la fuerza y por el apoyo de los canarios, carecía de legitimidad y estaba condenado a enfrentar una resistencia creciente.

El legado inmediato: fracturas, resentimientos y el inicio de una nueva guerra

El periodo comprendido entre la capitulación de San Mateo y la reacción oriental encabezada por Santiago Mariño dejó una serie de consecuencias que marcarían el rumbo de la independencia venezolana:

  • El resentimiento profundo hacia Monteverde y los canarios alimentó la determinación republicana.
  • La élite mantuana, humillada y perseguida, se reorganizó en torno a nuevos liderazgos.
  • Oriente se consolidó como un bastión republicano, capaz de resistir y contraatacar.
  • La violación de la capitulación demostró que la negociación con los jefes realistas era inviable.
  • La figura de Santiago Mariño emergió como símbolo del renacer independentista.

La brutalidad del régimen de Monteverde, lejos de asegurar la restauración definitiva del dominio español, aceleró el surgimiento de nuevas fuerzas republicanas. En pocos meses, Venezuela entraría en una nueva fase de la guerra, marcada por la Campaña Admirable de Bolívar y por la ofensiva oriental de Mariño, dos movimientos que transformarían el mapa político del territorio.

Véase también

Reconquista Realista: "El brutal Domingo de Monteverde"

La Primera República de Venezuela

Fuentes Oficiales

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