José María Carreño: Presidente Encargado de Venezuela en 1837
Introducción
La figura de José María Carreño ocupa un lugar singular dentro de la historia política venezolana del siglo XIX. Aunque su paso por la Presidencia de la República fue breve y estrictamente interino, su actuación en 1837 constituye un ejemplo temprano de continuidad institucional en un país que aún consolidaba su vida republicana tras la disolución de la Gran Colombia. Este artículo examina, con enfoque académico y narrativo, el contexto, las circunstancias y el significado histórico del ejercicio presidencial encargado de Carreño, así como su trayectoria militar y política dentro del proceso de formación del Estado venezolano.
Contexto político de Venezuela en 1837
Para comprender la relevancia del mandato encargado de José María Carreño, es necesario situarlo dentro del clima político de la Venezuela de la década de 1830. Tras la separación de la Gran Colombia en 1830, el país atravesó un período de reorganización institucional marcado por tensiones entre facciones civiles y militares, así como por la necesidad de estabilizar un sistema republicano aún frágil.
La Constitución de 1830 había establecido un marco legal relativamente sólido, pero su aplicación dependía de la capacidad de los líderes políticos para mantener el equilibrio entre las provincias, el Congreso y el Poder Ejecutivo. La Revolución de las Reformas (1835-1836), que enfrentó a sectores liberales contra el gobierno de José María Vargas, dejó heridas políticas recientes y un ambiente de cautela institucional.
En este escenario, Carlos Soublette ejercía la Presidencia de la República, continuando el período iniciado por Vargas tras su renuncia definitiva. Sin embargo, en enero de 1837, Soublette debió ausentarse temporalmente de Caracas para cumplir funciones oficiales, lo que activó el mecanismo constitucional de sucesión temporal previsto en la Carta Magna.
El rol del Consejo de Gobierno y la sucesión temporal
La Constitución de 1830 establecía que, en caso de ausencia temporal del Presidente, el Poder Ejecutivo debía ser asumido por el Presidente del Consejo de Gobierno. Este órgano, compuesto por figuras de amplia trayectoria política y administrativa, funcionaba como un cuerpo consultivo y de equilibrio dentro del sistema republicano.
En 1837, el Presidente del Consejo de Gobierno era José María Carreño, militar veterano de la Independencia y político de reconocida prudencia. Su designación para asumir la Presidencia Encargada no fue producto de improvisación, sino del cumplimiento estricto de la normativa constitucional.
José María Carreño: trayectoria previa
Nacido en 1792, José María Carreño Blanco formó parte de la generación de oficiales que acompañaron a Simón Bolívar en diversas campañas de la Guerra de Independencia. Su carrera militar lo llevó a participar en operaciones de importancia estratégica y a consolidar una reputación de disciplina, lealtad y capacidad administrativa.
Tras la guerra, Carreño ocupó cargos civiles y legislativos, entre ellos:
- Diputado en el Congreso Nacional.
- Senador de la República.
- Miembro del Consejo de Gobierno.
- Administrador en diversas dependencias públicas.
Su cercanía personal con el Libertador también es un aspecto destacado de su biografía. Carreño fue uno de los oficiales que permaneció junto a Bolívar en sus últimos años y custodió parte de sus pertenencias tras su muerte en Santa Marta en 1830.
La Presidencia Encargada de 1837
José María Carreño asumió la Presidencia Encargada de Venezuela el 20/01/1837, en cumplimiento de la Constitución, y la ejerció hasta el 11/03/1837, fecha en la que Carlos Soublette regresó a Caracas y retomó sus funciones.
Un gobierno breve pero significativo
Aunque su mandato duró menos de dos meses, la actuación de Carreño fue valorada por el Congreso y por la prensa de la época como un ejercicio de estabilidad y continuidad administrativa. Su gestión se caracterizó por:
- Respeto estricto al orden constitucional.
- Mantenimiento de la política general del Ejecutivo sin alteraciones.
- Supervisión de asuntos de Hacienda y administración pública.
- Atención a la seguridad interna en un período aún sensible tras la crisis de 1835.
- Coordinación con las autoridades provinciales para garantizar la gobernabilidad.
Carreño no impulsó reformas ni decretos de gran alcance, lo cual no debe interpretarse como falta de iniciativa, sino como una decisión consciente de preservar la estabilidad institucional en un momento en que cualquier cambio abrupto podía reavivar tensiones políticas.
La importancia del precedente institucional
El ejercicio encargado de Carreño constituye uno de los primeros casos exitosos de sucesión temporal en la historia republicana venezolana. Su actuación demostró que el sistema constitucional podía funcionar sin depender exclusivamente de figuras militares de gran poder o de caudillos regionales.
Este precedente contribuyó a fortalecer la legitimidad del Poder Ejecutivo y a consolidar la idea de que la autoridad presidencial podía ser ejercida de manera transitoria sin poner en riesgo la estabilidad del Estado.
Relación con Simón Bolívar y legado simbólico
La figura de Carreño también está asociada a un aspecto simbólico de gran relevancia: su papel como custodio de objetos personales del Libertador. Tras la muerte de Bolívar el 17/12/1830, Carreño fue uno de los oficiales encargados de preservar documentos, prendas y recuerdos que posteriormente serían entregados al gobierno venezolano.
Este vínculo contribuyó a reforzar su imagen pública como un hombre honorable, cercano a los valores republicanos y comprometido con la memoria histórica del país.
Carreño en la vida política posterior
Después de su presidencia encargada, Carreño continuó participando en la vida pública. Su experiencia militar y administrativa lo convirtió en una figura respetada dentro del Congreso y en un referente de moderación política. Falleció en 1849, dejando un legado discreto pero significativo dentro de la historia institucional venezolana.
Evaluación histórica de su mandato
La historiografía venezolana ha tendido a subestimar la importancia de los presidentes encargados del siglo XIX, en parte porque sus mandatos fueron breves y no estuvieron asociados a grandes reformas o conflictos. Sin embargo, desde una perspectiva institucional, estos períodos son fundamentales para comprender la evolución del sistema republicano.
En el caso de José María Carreño, su presidencia encargada representa:
- Un ejemplo temprano de continuidad constitucional.
- Un ejercicio de poder moderado y prudente.
- Una contribución a la estabilidad política en un período de transición.
- Un precedente valioso para la sucesión presidencial en la Venezuela del siglo XIX.
Su figura, aunque menos conocida que la de otros líderes de la época, forma parte del entramado político que permitió la consolidación del Estado venezolano tras la Independencia.
Conclusión
José María Carreño, Presidente Encargado de Venezuela en 1837, encarna un modelo de liderazgo institucional que, aunque discreto, fue esencial para la estabilidad del país en un momento de fragilidad republicana. Su actuación se caracterizó por el respeto a la legalidad, la prudencia administrativa y la continuidad del orden constitucional. Más allá de la brevedad de su mandato, su papel en la historia venezolana merece ser reconocido como parte del proceso de consolidación del Estado y de la tradición republicana del siglo XIX.
Véase también
• José María Vargas: Presidente de Venezuela 1835-36
• Venezuela Republicana: Revolución de las Reformas
Fuentes Oficiales
- Academia Nacional de la Historia de Venezuela
- Biblioteca Nacional de Venezuela
- Universidad Católica Andrés Bello – Biblioteca
- Universidad Metropolitana – Centro de Estudios Históricos
- Revistas académicas UCAB
- Red de Revistas Científicas de América Latina
- Historia Global de Venezuela – Editorial Globe
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