Ganadería colonial venezolana: origen y desarrollo histórico (siglos XVI‑XVIII)
Introducción: la ganadería como columna vertebral de la economía colonial
Entre los siglos XVI y XVIII, la ganadería colonial venezolana se consolidó como una de las actividades económicas más estables, extensivas y estructurales del territorio. Su presencia no fue marginal ni secundaria: el ganado vacuno, caballar y mular alimentó a las poblaciones, sostuvo las faenas agrícolas, permitió el transporte terrestre y articuló redes comerciales que conectaron los llanos, las provincias orientales y los puertos del Caribe. La cría de animales se convirtió en un eje silencioso pero decisivo en la organización del espacio, la distribución de la población y la formación de circuitos económicos que trascendieron las fronteras internas.
El territorio que más tarde conformaría la Capitanía General de Venezuela experimentó una transformación profunda. De un espacio sin ganados europeos pasó, en apenas dos siglos, a convertirse en una región con hatos extensos, llanos cubiertos de reses y una economía pecuaria capaz de generar excedentes para el comercio regional. Reconstruir este proceso implica seguir un hilo cronológico que abarca los primeros arribos de ganado desde España, la expansión hacia los llanos y provincias orientales, la consolidación de grandes hatos y la integración de la producción mular a los circuitos comerciales del Caribe.
Primeros arribos de ganado desde España en el siglo XVI
La introducción de ganado europeo comenzó en el siglo XVI, paralelamente al establecimiento de los primeros asentamientos españoles en la franja norte del territorio. Las ciudades de Coro, Nueva Cádiz en Cubagua, Cumaná y, posteriormente, Caracas, se convirtieron en puntos de recepción de animales traídos desde la península ibérica y desde las Antillas. Estos primeros lotes, aunque modestos en número, marcaron el inicio de una transformación ecológica y económica de largo alcance.
Los animales —vacunos, caballos, mulas y otras especies domésticas— fueron distribuidos hacia el interior siguiendo rutas que combinaban intereses militares, agrícolas y comerciales. La necesidad de asegurar fuentes de carne, cuero, transporte y fuerza de trabajo animal convirtió a la ganadería en una actividad prioritaria para los colonos. Con el paso de las décadas, los rebaños comenzaron a reproducirse y adaptarse a las condiciones ambientales del territorio, especialmente en los llanos y sabanas, donde los pastos naturales favorecieron su expansión.
Expansión ganadera en los siglos XVII y comienzos del XVIII
Durante el siglo XVII y los primeros años del XVIII, la ganadería se consolidó como una actividad extendida en diversas regiones. Los hatos se multiplicaron en los llanos centrales y occidentales, donde la disponibilidad de tierras y la baja inversión en infraestructura permitían mantener grandes cantidades de reses. La actividad abastecía de carne a las ciudades, proveía cueros para la exportación y suministraba animales de trabajo para la agricultura y el transporte.
La estructura de propiedad tendió a concentrarse en manos de hacendados con acceso a grandes extensiones de tierra, aunque también existieron pequeños y medianos criadores. La expansión no fue uniforme: algunas regiones se especializaron en ganado vacuno, mientras que otras desarrollaron con mayor fuerza la cría de caballos y mulas, según las necesidades del comercio y las rutas de circulación. Hacia mediados del siglo XVIII, el mapa ganadero mostraba zonas claramente identificadas por su vocación pecuaria.
Los llanos caraqueños: un paisaje cubierto de reses hacia 1764
Uno de los espacios donde la ganadería alcanzó mayor desarrollo fue el de los llanos caraqueños. Para 1764, estos llanos estaban cubiertos de ganado vacuno en cantidades significativas. Las estimaciones de la época registran propietarios con hatos que podían alcanzar entre 10.000 y 20.000 reses, cifras que reflejan la magnitud de la actividad y la capacidad del territorio para sostener grandes rebaños.
Los hatos funcionaban como unidades productivas complejas, donde se organizaban labores de marcaje, arreo, selección y distribución de animales hacia distintos mercados. En torno a ellos se articuló una población de trabajadores libres —peones, vaqueros y hombres de a caballo— que desarrollaron habilidades ecuestres fundamentales para el manejo del ganado. La figura del llanero comenzó a perfilarse en este contexto, aunque su consolidación plena como tipo social característico se produciría en los siglos posteriores.
La ganadería en Cumaná y Guayana hacia 1772
Las provincias orientales también experimentaron un crecimiento notable de la actividad ganadera. Hacia 1772, la región de Cumaná —incluyendo la jurisdicción de Nueva Barcelona— contaba con más de 50.000 reses de ganado mayor. Este dato revela que el oriente venezolano no era solo un espacio de pesca, salinas o agricultura, sino también un territorio con una producción pecuaria considerable.
En la provincia de Guayana, pese a su aislamiento geográfico y a las dificultades de comunicación, el número de reses alcanzaba alrededor de 24.000. Estos hatos abastecían a la población local y, en la medida de lo posible, se conectaban con mercados más amplios. La combinación de Cumaná, Nueva Barcelona y Guayana configuraba un corredor ganadero oriental que complementaba la producción de los llanos centrales y occidentales.
El auge del ganado mular y las conexiones con el Caribe
Además del ganado vacuno y caballar, el ganado mular adquirió una importancia creciente en la segunda mitad del siglo XVIII. Las mulas eran animales altamente valorados por su resistencia, capacidad de carga y utilidad en rutas comerciales y mineras. Su demanda se extendía más allá del territorio venezolano, alcanzando diversas islas del Caribe.
Desde las provincias de Cumaná y Guayana se establecieron vínculos comerciales con Barbados, Trinidad, Granada, Tobago, Santa Lucía, San Vicente y otras islas de Barlovento. Estas economías azucareras, intensivas en mano de obra y transporte, requerían animales de trabajo en grandes cantidades. Hacia 1783, se estimaba que por los puertos orientales se habían enviado más de 10.000 mulas, lo que evidencia el grado de integración de la ganadería venezolana en los circuitos comerciales caribeños.
Precios del ganado y jerarquía económica de las especies en 1761
La estructura de precios registrada en 1761 permite comprender la jerarquía económica de las especies ganaderas. En la región de Cumaná, una res en buen estado tenía un valor de entre 2 y 2,5 pesos. Un caballo se cotizaba entre 5 y 6 pesos, mientras que una mula podía alcanzar entre 14 y 16 pesos. Esta diferencia revela la importancia estratégica del ganado mular, cuya alta demanda y valor lo convertían en un bien especialmente rentable dentro de la economía colonial.
La brecha entre el precio de una res y el de una mula explica por qué la cría, compra y venta de mulas se convirtió en una actividad atractiva para muchos propietarios. La posibilidad de exportarlas a las islas del Caribe reforzaba aún más su relevancia económica.
Magnitud de la ganadería hacia 1780 en la Capitanía General de Venezuela
Hacia 1780, la ganadería alcanzaba cifras que permiten dimensionar su peso en la economía del territorio. Se estimaba la existencia de alrededor de 1.180.000 reses, 160.000 caballos y 80.000 mulas. Estas cantidades no incluían el ganado cimarrón, es decir, animales en estado semisalvaje que no formaban parte de los registros oficiales.
La presencia de más de un millón de reses indica que la ganadería vacuno era una actividad masiva, capaz de abastecer a poblaciones urbanas y rurales, así como de generar excedentes para el comercio regional. Los 160.000 caballos reflejan la importancia del transporte terrestre y de las necesidades administrativas y militares. Las 80.000 mulas confirman el papel central de este tipo de ganado en las rutas comerciales internas y en las conexiones con el Caribe.
Trabajo, sociedad y condiciones laborales en el mundo ganadero
La expansión de la ganadería generó una importante cantidad de fuentes de trabajo. Una parte significativa de quienes laboraban en los hatos eran hombres libres que percibían un salario por sus servicios. Estos trabajadores se encargaban del arreo, el cuidado del ganado, el marcaje, la reparación de cercas y la conducción de animales hacia mercados o puertos.
Sin embargo, las condiciones laborales no siempre garantizaban plena autonomía o movilidad social. Las jornadas eran extensas y las condiciones de vida exigentes. Junto a los trabajadores libres coexistieron formas de trabajo forzado o semicoactivo, en las que indígenas y personas esclavizadas podían ser empleados en labores relacionadas con la ganadería. Esta combinación de regímenes laborales reflejaba la estructura social del territorio colonial.
Impacto territorial y articulación con otras actividades económicas
La ganadería transformó el territorio y la economía. Los hatos se convirtieron en unidades de ocupación del espacio, marcando rutas de arreo, puntos de descanso y zonas de pastoreo. Los llanos se configuraron como un paisaje ganadero, donde la presencia de reses, caballos y mulas definía el ritmo de la vida cotidiana.
La actividad se articuló con la agricultura, el comercio interno y las exportaciones de cueros, sebo y animales vivos. En las provincias orientales, la combinación de ganadería y comercio marítimo permitió que regiones como Cumaná y Guayana se integraran a redes que conectaban el territorio con el Caribe. La coexistencia de circuitos legales y prácticas informales de intercambio reflejaba la flexibilidad del sistema económico colonial.
Conclusiones: la ganadería como eje estructural de la Venezuela colonial
Entre los siglos XVI y XVIII, la ganadería en la Venezuela colonial evolucionó desde los primeros arribos de ganado europeo hasta convertirse en un sector de gran envergadura. Los llanos caraqueños, con propietarios que podían acumular entre 10.000 y 20.000 reses hacia 1764, ilustran la magnitud de la actividad en el centro del territorio. Las provincias de Cumaná y Guayana, con decenas de miles de reses hacia 1772, muestran el peso del oriente en la producción pecuaria. El auge del ganado mular, con más de 10.000 mulas enviadas al Caribe en 1783, revela la integración del territorio en circuitos comerciales suprarregionales.
Las cifras de 1780 —1.180.000 reses, 160.000 caballos y 80.000 mulas— confirman que la ganadería fue un componente estructural de la economía colonial. Su desarrollo se apoyó en la disponibilidad de tierras, en la adaptación de los animales al medio y en la articulación con mercados internos y externos. Comprender este proceso permite entender mejor las bases materiales sobre las que se construyó la sociedad venezolana de los siglos posteriores.
Véase también
• Sociedad venezolana colonial: Economía, Política, Cultura y Religión (Siglos XVI–XVIII)
• Cultivos de Venezuela (Siglo XVI-XVIII)
Fuentes Oficiales
- Biblioteca Nacional de Venezuela
- Fundación Empresas Polar
- Universidad de Los Andes
- Universidad Católica Andrés Bello
- Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas
- Historia Global de Venezuela – Editorial Globe
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