27 de noviembre de 1992: el segundo alzamiento militar

 

Tropas fuertemente armadas combaten contra combatientes MBR-200.
Créditos: Prensa Presidencial - Gobierno de Venezuela.  
Fuente: Wikimedia Commons. Licencia: CC BY 3.0

Resumen breve: El 27 de noviembre de 1992 se produjo en Caracas un segundo intento de alzamiento cívico‑militar —conocido como 27N o Movimiento Cívico‑Militar 5 de Julio— que combinó operaciones aéreas, tomas de medios y combates urbanos; fue derrotado el mismo día, dejó un saldo significativo de víctimas y marcó un punto de inflexión en la crisis política de la IV República.

Introducción: la continuidad insurreccional en contra de bipartidismo

El 27 de noviembre de 1992 —en adelante, 27N— constituye uno de los episodios más complejos y traumáticos de la historia contemporánea venezolana. A nueve meses del fallido alzamiento del 4 de febrero, sectores heterogéneos de las Fuerzas Armadas, junto a agrupaciones civiles, intentaron derrocar al presidente Carlos Andrés Pérez mediante una operación coordinada que incluyó combates aéreos sobre Caracas, la toma de emisoras y la ocupación temporal de instalaciones militares. El suceso no solo intensificó la crisis política de la IV República, sino que dejó lecciones sobre la fragmentación institucional, la militarización de la protesta y la relación entre medios y poder en situaciones de conflicto.

Contexto político y social

En 1992 Venezuela atravesaba una profunda crisis económica y social. Las medidas de ajuste conocidas como el “paquetazo” y las políticas neoliberales aplicadas por la administración de Carlos Andrés Pérez habían generado descontento popular desde 1989, manifestado de forma violenta en el Caracazo y en la polarización política subsecuente. Ese clima de deslegitimación de las élites tradicionales y de erosión de la confianza en las instituciones fue el caldo de cultivo para nuevas iniciativas insurreccionales dentro de las Fuerzas Armadas y entre sectores civiles críticos del régimen.

Actores y objetivos del movimiento

El alzamiento del 27N fue promovido por un conglomerado identificado como Movimiento Cívico‑Militar 5 de Julio, que integró oficiales de las cuatro ramas de la Fuerza Armada y civiles vinculados a organizaciones revolucionarias y grupos críticos del gobierno. Entre los mandos militares que aparecen en las fuentes figuran los contralmirantes Hernán Grüber Odremán y Luis Enrique Cabrera Aguirre, así como el general de brigada de la Aviación Francisco Visconti Osorio. En el plano civil participaron agrupaciones como Bandera Roja y Tercer Camino, además de activistas y dirigentes del llamado Frente Patriótico.

Objetivos políticos

  • Instaurar una junta cívico‑militar transitoria compuesta por civiles y militares para conducir una transición política.
  • Liberar a Hugo Chávez, entonces preso por el intento del 4 de febrero, como gesto simbólico y operativo para sumar legitimidad y fuerzas.
  • Denunciar y revertir las políticas económicas del gobierno, presentando el alzamiento como respuesta al ajuste y a la represión social.

Desarrollo operativo: la batalla aérea y la toma de medios

El 27N se caracterizó por la combinación de acciones aéreas y terrestres. Desde la madrugada y la mañana se registraron despegues y ataques con aviones OV‑10 Bronco, T‑27 Tucano y cazas Mirage desde bases como Maracay, dirigidos a objetivos estratégicos en Caracas: el Palacio de Miraflores, la Base Aérea La Carlota, el Helicoide y la sede de la policía política (DISIP). El enfrentamiento en el aire sobre la capital ha sido descrito por testigos y militares como la primera batalla aérea en la historia contemporánea del país.

Paralelamente, fuerzas insurgentes tomaron la sede de la televisora estatal Venezolana de Televisión (VTV) y lograron transmitir un mensaje grabado por Hugo Chávez desde la prisión de Yare; la señal fue interrumpida poco después por técnicos y por el sabotaje a repetidoras, lo que limitó el alcance del llamado rebelde. La ocupación de VTV y la tentativa de controlar otras antenas buscaban crear un efecto de legitimación y movilización popular que, sin embargo, no alcanzó la adhesión masiva esperada por los sublevados.

En tierra, los combates se concentraron en La Carlota, en instalaciones militares de Maracay y en puntos de Caracas donde se produjeron enfrentamientos entre tropas leales y sublevadas. La recuperación del control por parte de las fuerzas gubernamentales se produjo durante el mismo día, tras la movilización de unidades leales y la neutralización de los focos insurgentes.

Aspectos tácticos y fallas del plan

  • Coordinación imperfecta: las diferencias entre oficiales de alta graduación y sectores civiles sobre prioridades (por ejemplo, liberar a Chávez) generaron cambios de fecha y desajustes operativos.
  • Infiltración y contrainteligencia: el gobierno conocía parte de los planes y había logrado infiltrar grupos conspirativos, lo que debilitó la sorpresa estratégica.
  • Limitada movilización popular: a pesar de los llamados desde VTV, la población no respondió masivamente, lo que dejó a los insurgentes sin el respaldo civil que esperaban.

Víctimas, detenciones y cifras

El 27N fue más letal que el intento de febrero: las cifras oficiales registradas en diversas fuentes señalan alrededor de 171 muertos, con predominio de víctimas civiles, aunque organizaciones y testimonios extraoficiales han estimado números superiores, incluso por encima de las 300, debido a la intensidad de los combates urbanos y la dificultad para contabilizar a todos los fallecidos en el caos del día. Estas discrepancias han alimentado debates sobre la magnitud real del saldo humano y la necesidad de investigaciones independientes.

Centenares de participantes fueron detenidos; otros, ante la derrota, optaron por la fuga. Un grupo significativo —alrededor de 93 insurgentes, entre oficiales y suboficiales— abordó un avión Hércules C‑130 y se dirigió a Iquitos, Perú, donde solicitaron asilo político. Entre los líderes que huyeron figura el general Francisco Visconti Osorio, quien regresó a Venezuela en 1994 y fue posteriormente sobreseído y liberado.

Consecuencias políticas e institucionales

El fracaso del 27N no significó el fin de la crisis política; por el contrario, profundizó la desconfianza en las instituciones tradicionales y contribuyó a la erosión del régimen de la IV República. La acumulación de intentos golpistas, la crisis económica y la percepción de corrupción y desconexión de las élites pavimentaron el terreno para cambios políticos posteriores, incluyendo la emergencia electoral y el ascenso de fuerzas que capitalizaron el descontento. En términos institucionales, el episodio evidenció la fractura interna de las Fuerzas Armadas y la vulnerabilidad del Estado frente a actores armados organizados.

Indultos y reinserción

Tras el proceso judicial, muchos de los condenados por rebelión militar recibieron penas que en la práctica no se cumplieron en su totalidad: varios fueron indultados o sobreseídos en los años siguientes, en un contexto político que incluyó cambios de gobierno y negociaciones que buscaron cerrar heridas y recomponer el tejido institucional. El retorno de algunos protagonistas a la vida política y su posterior participación en procesos electorales o en la construcción de nuevos movimientos fue un elemento que reconfiguró la escena nacional.

Memoria, interpretaciones y legado

El 27N ha sido interpretado de maneras divergentes: para algunos, fue una expresión legítima de rechazo a políticas económicas que empobrecían a la población; para otros, un intento ilegítimo de subvertir el orden constitucional. En la historiografía y la memoria pública conviven relatos oficiales, testimonios de participantes y análisis académicos que subrayan tanto la violencia del episodio como su papel en la crisis de representación política. La conmemoración anual del 27N en distintos espacios políticos y académicos demuestra que el evento sigue siendo un punto de referencia para entender la transición política venezolana de los años noventa.

Lecciones para la historia institucional

  • Fragilidad de la legitimidad: cuando las políticas públicas se perciben como excluyentes, la legitimidad del sistema se erosiona y abre espacios para soluciones extra‑institucionales.
  • Importancia de la cadena de mando: la división entre oficiales de alta graduación y mandos medios afectó la coherencia operativa del movimiento.
  • Medios y conflicto: el intento de controlar la narrativa mediante la toma de VTV mostró la centralidad de los medios en la guerra política moderna.

Conclusión

El 27 de noviembre de 1992 fue un acontecimiento decisivo que condensó la crisis política, social y militar de Venezuela a comienzos de los años noventa. Aunque derrotado en lo inmediato, el alzamiento dejó huellas profundas: víctimas, procesos judiciales, exilios y una memoria política que contribuyó a la recomposición del mapa partidista y militar del país. El análisis riguroso de fuentes institucionales, testimonios y estudios académicos sigue siendo imprescindible para comprender la complejidad de aquel día y sus consecuencias a mediano y largo plazo.

Véase también 

4 de febrero de 1992: Operación Zamora y la fractura del sistema político venezolano

El Caracazo - El descontento de un pueblo

CAP II: El segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez

Fuentes Oficiales

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