El Castro Leonazo: la insurrección militar contra Rómulo Betancourt
Introducción
El 20/04/1960, Venezuela enfrentó uno de los desafíos más serios a su joven democracia: el alzamiento militar conocido como Castro Leonazo. Liderado por el general Jesús María Castro León, nieto del caudillo Cipriano Castro, este intento de golpe de Estado buscó derrocar al presidente Rómulo Betancourt apenas dos años después de la caída de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. El fracaso del movimiento no solo reafirmó la legitimidad del gobierno constitucional, sino que también marcó un hito en la resistencia civil frente a las amenazas autoritarias.
Antecedentes históricos
La transición democrática iniciada en 1958 con la elección de Betancourt estuvo marcada por tensiones políticas y militares. Las Fuerzas Armadas, habituadas a intervenir en la vida política desde el siglo XIX, se resistían a aceptar la subordinación al poder civil. Betancourt, consciente de la fragilidad institucional, impulsó una política firme de disciplina castrense y de fortalecimiento de los partidos políticos como actores centrales del sistema democrático.
Jesús María Castro León, nieto del expresidente Cipriano Castro, encarnaba esa tradición caudillista militar. Su intento de golpe en julio de 1958 ya había mostrado su inconformidad con el rumbo democrático. En su discurso, el gobierno era débil frente al comunismo, incapaz de resolver los problemas nacionales y hostil hacia la jerarquía militar. Estas percepciones se alimentaban de un clima internacional marcado por la Guerra Fría, donde la amenaza comunista era utilizada como argumento recurrente para justificar intervenciones militares en América Latina.
Además, las reformas disciplinarias aplicadas por Acción Democrática desde la década de 1940 habían generado resentimientos en oficiales que se sentían desplazados. Castro León supo capitalizar ese malestar, presentándose como defensor de la tradición militar y de un orden político más rígido. Su figura, aunque aislada, conectaba con un sector que veía con recelo la consolidación de partidos políticos como actores centrales del sistema democrático.
El desarrollo del alzamiento
La madrugada del 20/04/1960, Castro León ingresó clandestinamente desde Colombia con documentación falsa y se dirigió a San Cristóbal, capital del estado Táchira. Su plan era audaz: tomar el Cuartel Bolívar, sede del Agrupamiento Militar N° 1, y desde allí irradiar la insurrección hacia otras guarniciones. Con la complicidad de oficiales internos, logró penetrar en las instalaciones y controlar el cuartel.
Una de sus primeras medidas fue anunciar ascensos inmediatos para todos los militares que se sumaran al movimiento. Esta estrategia buscaba ganar lealtades rápidas, apelando al incentivo jerárquico como mecanismo de cohesión. Paralelamente, utilizó la emisora Ecos del Torbes para difundir proclamas en las que declaraba la caída de Betancourt y la instauración de un nuevo orden bajo el “Movimiento Revolucionario Milicivilista”.
El uso de la radio fue clave: Castro León intentaba legitimar su acción ante la opinión pública y proyectar la imagen de un golpe consumado. Sin embargo, la falta de coordinación con otras guarniciones y la ausencia de apoyo masivo hicieron que el alzamiento quedara confinado a San Cristóbal. La rapidez con la que el gobierno reaccionó y la firmeza de la sociedad civil marcaron el destino del movimiento.
La resistencia civil y el fracaso
El Castro Leonazo se enfrentó a un rechazo inmediato de la población. La Confederación de Trabajadores de Venezuela convocó a una huelga general en defensa del orden constitucional, demostrando que los sindicatos, lejos de apoyar aventuras militares, estaban comprometidos con la democracia. Este respaldo social fue decisivo para aislar a los golpistas.
En San Cristóbal, campesinos, estudiantes y obreros se movilizaron espontáneamente. Con maquinaria pesada bloquearon carreteras y levantaron barricadas para impedir el avance de las tropas sublevadas. La resistencia civil, inédita en la historia venezolana, mostró que la defensa de la democracia no dependía únicamente de las instituciones, sino también de la acción directa de la ciudadanía.
La falta de eco en otras guarniciones terminó por debilitar el movimiento. Castro León, consciente de que no lograría extender la insurrección, intentó huir hacia la frontera colombiana. Sin embargo, fue capturado por un grupo de civiles liderados por un campesino de apellido Parada. Este hecho simbolizó la derrota definitiva del golpe: un general con aspiraciones de poder reducido por la acción de ciudadanos comunes.
Consecuencias inmediatas
Tras su captura, Castro León fue trasladado al Cuartel San Carlos en Caracas, donde permaneció detenido hasta su muerte el 12/07/1965. Su destino reflejó el fracaso de los intentos de restaurar el poder militar en la política venezolana. La prisión del general se convirtió en un recordatorio de que la democracia había logrado imponerse sobre las viejas prácticas caudillistas.
El fracaso del Castro Leonazo tuvo varias consecuencias:
- Consolidación democrática: La reacción popular y sindical fortaleció la legitimidad de Betancourt, quien emergió como símbolo de la resistencia civil frente a las amenazas autoritarias.
- Precedente histórico: El alzamiento demostró que la sociedad venezolana no estaba dispuesta a retroceder hacia la dictadura militar, marcando un cambio cultural profundo.
- Radicalización política: Aunque derrotado, el Castro Leonazo se inscribió en una cadena de movimientos subversivos de 1960, como el atentado de Trujillo en junio y las rebeliones posteriores del Barcelonazo y el Carupanazo. Estos episodios evidenciaron que la democracia debía enfrentar múltiples desafíos en sus primeros años.
En términos históricos, el Castro Leonazo consolidó la idea de que la defensa de la democracia requería tanto de instituciones sólidas como de una ciudadanía activa. Su fracaso fue un triunfo colectivo que reafirmó la voluntad nacional de avanzar hacia un sistema político más estable y participativo.
Impacto histórico
El Castro Leonazo fue más que un intento fallido de golpe: representó la primera gran prueba de fuego para la democracia venezolana. La reacción popular evidenció un cambio cultural profundo: la sociedad había aprendido de la experiencia dictatorial y estaba dispuesta a defender la institucionalidad. Este episodio se convirtió en un símbolo de resistencia civil y en un hito que marcó la relación entre las Fuerzas Armadas y el poder político durante la década de 1960.
Conclusión
El alzamiento de Castro León, aunque breve y fallido, dejó una huella duradera en la historia política venezolana. Su derrota consolidó la democracia en un momento crítico y demostró que la legitimidad no se sostenía únicamente en las instituciones, sino en la voluntad activa de la ciudadanía. El Castro Leonazo es, en definitiva, un recordatorio de que la defensa de la democracia requiere tanto de estructuras políticas sólidas como de una sociedad comprometida.
Véase también
• El Porteñazo: insurrección, combate y ruptura en la Venezuela de 1962
Fuentes Oficiales
- Biblioteca Fundación Empresas Polar
- Academia Nacional de la Historia de Venezuela
- Universidad Católica Andrés Bello
- Universidad de Los Andes
- Pino Iturrieta, E. (Coord.). (2006). Historia Global de Venezuela: Vol. III. Independencia y siglo XIX. Editorial Globe. ISBN 978-980-6427-16-7. Depósito Legal: lf 53220059002282.
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