Guerrilla venezolana años 60: Las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional y el Frente de Liberación Nacional
Introducción
La guerrilla venezolana de los años 60 constituye uno de los capítulos más complejos, intensos y determinantes de la historia contemporánea del país. En medio de la transición hacia la democracia tras la caída de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez el 23/01/1958, Venezuela vivió un ciclo de insurgencia armada que buscó replicar el modelo revolucionario cubano y desafiar la legitimidad del sistema político que emergía con el Pacto de Puntofijo. En este contexto surgieron las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN), brazo armado del Frente de Liberación Nacional (FLN), que articularon el esfuerzo insurgente más significativo de la década.
Este artículo ofrece una visión integral del fenómeno: su origen político e ideológico, su estructura militar, sus principales líderes, las operaciones más relevantes, la respuesta del Estado, el proceso de pacificación y, finalmente, un cierre memorial‑testimonial que reconoce el impacto humano de un conflicto que dejó heridas profundas en la memoria nacional.
El contexto político que dio origen a la insurgencia
La década de 1960 comenzó con un país que intentaba consolidar su democracia. El gobierno de Rómulo Betancourt, electo el 07/12/1958, enfrentó simultáneamente conspiraciones militares, tensiones sociales y la presión de una izquierda radicalizada que consideraba insuficiente el modelo democrático representativo. La Revolución Cubana de 1959 actuó como catalizador ideológico para sectores juveniles, estudiantiles y obreros que veían en la lucha armada un camino legítimo para transformar la estructura del Estado.
El Partido Comunista de Venezuela (PCV) y el recién fundado Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), escindido de Acción Democrática en 1960, adoptaron progresivamente la tesis de la insurrección armada. La radicalización se profundizó tras los alzamientos militares de 1962 —el Carupanazo (05/05/1962) y el Porteñazo (02/06/1962)—, en los que participaron oficiales simpatizantes de la izquierda. Aunque ambos movimientos fueron derrotados, demostraron que existía un sector militar dispuesto a desafiar al gobierno constitucional.
La creación de las FALN y el Frente de Liberación Nacional
En febrero de 1963 se formalizó la creación de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN) como brazo armado del Frente de Liberación Nacional (FLN). Su objetivo era unificar los esfuerzos insurgentes dispersos y coordinar una estrategia de guerra prolongada contra el Estado venezolano.
Componentes fundamentales de su estructura
- Partidos políticos: El PCV y el MIR aportaron cuadros políticos, logística, redes urbanas y estructura organizativa.
- Militares disidentes: Oficiales involucrados en los alzamientos de 1962 se incorporaron como asesores tácticos y comandantes de frentes rurales.
- Frentes guerrilleros: Se establecieron focos en zonas montañosas estratégicas, como el Frente José Leonardo Chirino en Falcón y el Frente Simón Bolívar en Lara.
La estructura combinaba células urbanas, comandos de sabotaje, frentes rurales y un aparato político‑militar que buscaba articular la lucha armada con la movilización social.
Líderes emblemáticos de la insurgencia
La guerrilla venezolana de los años 60 contó con figuras que posteriormente tendrían un papel destacado en la vida política e intelectual del país.
- Douglas Bravo: Considerado el principal estratega guerrillero. Su visión de una revolución prolongada lo llevó a fundar posteriormente el Partido de la Revolución Venezolana (PRV).
- Fabricio Ojeda: Presidente de la Junta Patriótica que impulsó la caída de Pérez Jiménez. Renunció a su curul parlamentaria el 30/06/1962 para incorporarse a la lucha armada.
- Teodoro Petkoff: Militante del PCV, guerrillero activo y posteriormente crítico del modelo soviético. Tras la pacificación, fundó el Movimiento al Socialismo (MAS).
Estos líderes representaron distintas sensibilidades dentro de la izquierda venezolana, desde el marxismo ortodoxo hasta posiciones más autónomas y críticas.
Acciones destacadas de las FALN
La estrategia insurgente combinó operaciones rurales con acciones urbanas de alto impacto mediático. Entre las más relevantes se encuentran:
- Sabotajes y ataques: Incluyeron asaltos a misiones diplomáticas, incendios de instalaciones industriales y ataques a infraestructura petrolera.
- Secuestro del buque Anzoátegui (1963): Una operación marítima que buscó demostrar capacidad operativa y desafiar al Estado en espacios no tradicionales.
- Secuestro de Alfredo Di Stéfano (24/08/1963): Ejecutado por el comando “Libertador”, tuvo impacto internacional y buscó visibilizar la causa insurgente.
- Tragedia de El Encanto (1963): El ataque a un tren turístico en Miranda, que dejó varios guardias muertos, marcó un punto de inflexión negativo en la percepción pública de la guerrilla.
Estas acciones, aunque buscaban erosionar al gobierno, terminaron generando rechazo en amplios sectores de la población, especialmente tras episodios con víctimas civiles.
La respuesta del Estado venezolano
El gobierno de Betancourt y, posteriormente, el de Raúl Leoni (1964‑1969) implementaron una estrategia de contrainsurgencia que combinó acciones militares, inteligencia, control territorial y reformas institucionales.
Los Batallones de Cazadores
El ejército venezolano creó unidades de élite entrenadas específicamente para combatir la insurgencia en zonas rurales. Estos batallones lograron desarticular numerosos campamentos guerrilleros y recuperar territorios estratégicos.
El aislamiento político de la insurgencia
La falta de apoyo popular, sumada a la decisión del PCV en 1967 de abandonar la lucha armada y retomar la vía electoral, debilitó profundamente a las FALN. La guerrilla quedó fragmentada entre quienes aceptaban la pacificación y quienes insistían en continuar la lucha.
La pacificación bajo Rafael Caldera
Con la llegada de Rafael Caldera a la presidencia el 11/03/1969, se implementó una política de pacificación que ofreció amnistía, reinserción política y legalización de partidos de izquierda. Este proceso permitió que la mayoría de los combatientes depusieran las armas y se incorporaran a la vida civil.
Douglas Bravo y un pequeño grupo se mantuvieron en la clandestinidad durante décadas, influyendo indirectamente en sectores militares jóvenes, entre ellos oficiales que años más tarde protagonizarían nuevas conspiraciones.
Impacto histórico y legado político
La guerrilla venezolana de los años 60 dejó un legado complejo. Por un lado, evidenció la tensión entre la democracia representativa y los proyectos revolucionarios inspirados en Cuba. Por otro, contribuyó a fortalecer la institucionalidad democrática al obligar al Estado a desarrollar mecanismos de defensa, inteligencia y cohesión política.
El proceso de pacificación permitió que antiguos insurgentes se convirtieran en actores relevantes del sistema político, aportando nuevas visiones y contribuyendo a la pluralidad ideológica del país.
Memoria, duelo y testimonio: un cierre integral
Más allá de los análisis políticos y militares, la guerrilla venezolana de los años 60 dejó una huella humana profunda. En las montañas de Falcón, Lara, Portuguesa y Yaracuy, así como en las calles de Caracas, Valencia y Maracaibo, quedaron historias de jóvenes que creyeron estar luchando por un país más justo, soldados que defendieron un orden constitucional recién nacido y familias que vivieron el conflicto desde la incertidumbre y el miedo.
Las víctimas civiles, muchas veces invisibles en los relatos oficiales, representan el rostro más doloroso del conflicto. Sus vidas interrumpidas recuerdan que la violencia política siempre desborda los cálculos estratégicos y afecta a quienes no empuñan armas.
Los combatientes de ambos bandos —guerrilleros y militares— compartieron una misma condición generacional: fueron jóvenes inmersos en un país que buscaba definirse. Muchos murieron sin ver el desenlace de la historia; otros sobrevivieron para reconstruir sus vidas en silencio.
En la memoria nacional, la década insurgente permanece como un recordatorio de los riesgos de la polarización extrema y de la fragilidad de los proyectos políticos cuando se sustituyen las instituciones por las armas. Recordar este periodo no implica justificarlo ni condenarlo de manera simplista, sino reconocer su complejidad y honrar a quienes vivieron sus consecuencias.
El testimonio de la época —cartas, diarios, informes militares, relatos orales— revela un país dividido, pero también un país que, pese a todo, logró reencontrarse a través de la pacificación y la reinserción política. Ese proceso, imperfecto pero necesario, permitió que Venezuela avanzara hacia una convivencia democrática que, aunque tensionada, se mantuvo durante décadas.
Hoy, mirar hacia atrás con sobriedad y humanidad es un acto de responsabilidad histórica. La memoria de la guerrilla venezolana de los años 60 nos invita a reflexionar sobre el valor de la vida, la importancia del diálogo y la necesidad de preservar la institucionalidad para evitar que los conflictos políticos deriven nuevamente en violencia.
Véase también
• El Porteñazo: insurrección, combate y ruptura en la Venezuela de 1962
• Rómulo Betancourt (1959‑1964): Renacimiento de una República democrática
Fuentes Oficiales
- Fundación Empresas Polar – Biblioteca Digital
- Instituto de Altos Estudios de América Latina – ULA
- Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes
- Archivo General de la Nación
- Revistas Académicas UCAB
- Redalyc – Red de Revistas Científicas
- Pino Iturrieta, E. (Coord.). (2006). Historia Global de Venezuela: Vol. III. Independencia y siglo XIX. Editorial Globe. ISBN 978-980-6427-16-7. Depósito Legal: lf 53220059002282.
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