4 de febrero de 1992: Operación Zamora y la fractura del sistema político venezolano
Introducción: una madrugada que partió la historia en dos
La madrugada del 4 de febrero de 1992 no fue solo un episodio más en la larga lista de asonadas militares latinoamericanas. En Venezuela, aquella noche condensó el agotamiento de un modelo político nacido en 1958, la irrupción de un nuevo liderazgo militar y el inicio de un ciclo histórico que reconfiguraría por completo el sistema de poder. La Operación Zamora, conducida por el Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MBR-200), fracasó militarmente, pero abrió una grieta política y simbólica de enorme profundidad. Desde la historiografía venezolana, el 4 de febrero de 1992 se interpreta hoy como un parteaguas: el momento en que el sistema de partidos del llamado “puntofijismo” mostró de forma irreversible su desgaste, y en el que emergió la figura de Hugo Chávez como actor central de la política nacional.
El germen de la conspiración: del Samán de Güere al MBR-200
La Operación Zamora no fue un estallido improvisado. Sus raíces se remontan a la década de 1980, cuando un grupo de oficiales de rango medio del Ejército comenzó a articularse en torno a una lectura crítica de la realidad nacional y del papel de las Fuerzas Armadas. Diversas fuentes históricas sitúan el origen del MBR-200 en 1983, cuando los entonces capitanes Hugo Chávez Frías, Felipe Acosta Carlez y Jesús Urdaneta Hernández consolidaron una agrupación informal de oficiales con orientación nacionalista y revolucionaria.
Un momento fundacional clave ocurrió el 17/12/1982, durante la conmemoración del sesquicentenario de la muerte de Simón Bolívar. Bajo el Samán de Güere, en las afueras de Maracay, Chávez, Acosta Carlez y Urdaneta pronunciaron un juramento que marcaría el rumbo de sus vidas: “Juro por el Dios de mis padres, juro por mi patria, juro por mi honor que no daré tranquilidad a mi alma ni descanso a mi brazo hasta no ver rotas las cadenas que oprimen a mi pueblo”. Ese acto dio lugar al Ejército Bolivariano Revolucionario 200 (EBR-200), luego rebautizado como Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MBR-200).
El número “200” aludía al bicentenario del natalicio de Bolívar (1783-1983). La organización se nutrió de oficiales de gradación media —comandantes, mayores, capitanes y tenientes— conocidos como “Comacate”. Su ideología se articuló en torno al llamado “árbol de las tres raíces”: el pensamiento bolivariano, las ideas pedagógicas y sociales de Simón Rodríguez y la tradición federalista y agrarista de Ezequiel Zamora.
Influencia civil y estrategia de infiltración
La historiografía ha documentado la influencia de sectores de la izquierda radical, en particular del Partido de la Revolución Venezolana (PRV) y de figuras como Douglas Bravo, en la formación política de estos oficiales. La estrategia de infiltrar las Fuerzas Armadas para impulsar un cambio revolucionario se venía elaborando desde la década de 1970 y encontró en el MBR-200 un vehículo orgánico para su despliegue. La combinación de formación militar, estudios universitarios y redes de discusión política convirtió a este grupo en un actor con capacidad de articulación interna y de lectura crítica del sistema político vigente.
Contexto del 4 de febrero de 1992: crisis económica, Caracazo y deslegitimación del sistema
Para comprender el 4 de febrero de 1992 es imprescindible situarlo en el marco de la crisis estructural que atravesaba Venezuela desde la década de 1980. Tras la bonanza petrolera de los años setenta, la caída de los precios del crudo, el endeudamiento externo y el agotamiento del modelo rentista precipitaron un deterioro acelerado de los indicadores sociales.
El segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez, iniciado el 02/02/1989, aplicó un programa de liberalización económica —el llamado “Gran Viraje”— que incluía la eliminación de subsidios, la liberación de precios y la privatización de empresas estatales. El impacto social fue inmediato y devastador para los sectores populares.
El Caracazo como punto de inflexión
El 27/02/1989 estalló en Caracas y otras ciudades una revuelta popular conocida como El Caracazo, desencadenada por el aumento del precio de la gasolina y del transporte público. La respuesta del Estado fue una represión masiva que dejó, según cifras oficiales, 276 muertos, aunque diversas investigaciones han estimado que las víctimas pudieron superar las 3.000.
Para los oficiales del MBR-200, el Caracazo fue un punto de no retorno. La utilización de las Fuerzas Armadas para contener, mediante fuego real, a una población empobrecida reforzó la percepción de que el sistema político había perdido legitimidad. A ello se sumaban la corrupción en los altos mandos, el deterioro de las condiciones de vida de la oficialidad media y baja, y la sensación de que el pacto de 1958 ya no garantizaba estabilidad ni bienestar.
Planificación de la Operación Zamora
La conspiración se intensificó a partir de 1989. Hacia finales de 1991, el MBR-200 había avanzado en la elaboración de un plan insurreccional que contemplaba la participación de diez batallones del Ejército, con unos 2.056 soldados, además de decenas de oficiales de distintos rangos.
La operación tenía objetivos claramente definidos:
- Tomar el Palacio de Miraflores.
- Controlar La Casona.
- Dominar los principales cuarteles de Caracas y las guarniciones de Maracay, Valencia y Maracaibo.
- Ocupar los medios de comunicación para difundir una proclama.
El mando político-militar recaía en cinco tenientes coroneles: Hugo Chávez Frías, Francisco Arias Cárdenas, Yoel Acosta Chirinos, Jesús Urdaneta Hernández y Jesús Miguel Ortiz Contreras.
Justificación constitucional y proyecto de Junta de Reconstrucción
Los insurgentes invocaban el artículo 132 de la Constitución de 1961, que asignaba a las Fuerzas Armadas la misión de “asegurar la defensa nacional, la estabilidad de las instituciones democráticas y el respeto a la Constitución y a las leyes”. A su juicio, el gobierno de Pérez había quebrantado ese mandato, por lo que el alzamiento se presentaba como un acto de restitución del orden democrático.
En caso de éxito, se instalaría una Junta de Reconstrucción Nacional integrada por civiles y militares “progresistas”. Entre los nombres considerados se encontraban José Vicente Rangel, Abdón Vivas Terán, Andrés Velásquez y Luis Miquilena.
La madrugada del 4 de febrero de 1992: desarrollo de la asonada
La Operación Zamora se activó en la tarde del 03/02/1992 y estalló en la noche, coincidiendo con el regreso de Carlos Andrés Pérez de Davos. A pesar de advertencias de inteligencia, el presidente se trasladó a La Casona, subestimando la inminencia del alzamiento.
Asalto a Miraflores y ataque a La Casona
Alrededor de la medianoche, unidades de paracaidistas y blindados iniciaron el ataque sobre los principales objetivos en Caracas. Un grupo de tanques embistió las puertas del Palacio de Miraflores, produciéndose intensos enfrentamientos en el interior del edificio. El presidente logró evadir el cerco por escasos minutos.
La residencia presidencial de La Casona fue atacada por el batallón de paracaidistas José Leonardo Chirinos. El combate se prolongó por más de cuatro horas, con participación del batallón de custodia, efectivos de la DISIP y la policía municipal. En el interior permanecían la primera dama y una de las hijas del presidente, lo que elevó el dramatismo y el costo humano del episodio.
La batalla por los medios y la aparición de Pérez en televisión
Tras abandonar La Casona y constatar que Miraflores también estaba bajo ataque, Pérez se desplazó a las instalaciones de Venevisión. Desde allí, poco después de la 1:00 a.m., apareció en cadena nacional de radio y televisión. Su presencia en pantalla tuvo un efecto inmediato sobre la moral de las tropas, inclinando la balanza a favor del gobierno.
Teatro de operaciones regional y el puesto de mando de La Planicie
En Maracaibo, el teniente coronel Francisco Arias Cárdenas logró controlar el Fuerte Mara y tomar la gobernación del Zulia, aunque de forma efímera. En Maracay y Valencia también se produjeron alzamientos, pero la falta de coordinación y las fallas en las comunicaciones impidieron que las unidades convergieran sobre Caracas.
Hugo Chávez dirigía la operación desde el Museo Histórico Militar de La Planicie, pero las antenas de comunicación no funcionaron adecuadamente, dejándolo prácticamente aislado de buena parte de sus fuerzas.
El “por ahora”: derrota militar, victoria política
Con el movimiento ya derrotado, Chávez fue presentado en televisión la mañana del 04/02/1992 para llamar a sus compañeros a deponer las armas. Su breve alocución, con uniforme de campaña y boina roja, se convirtió en uno de los momentos más citados de la historia política venezolana contemporánea. El “por ahora” fue interpretado como una promesa de continuidad más que como una rendición definitiva.
Víctimas y costo humano del 4 de febrero de 1992
La cifra oficial de fallecidos durante la intentona golpista fue de 32. Sin embargo, investigaciones hemerográficas y testimonios de la época han sugerido que el número real pudo ser mayor. Algunos medios hablaron de más de 100 muertos, y el entonces ministro de la Defensa consignó un saldo de 39 decesos.
Entre las víctimas se encontraban niñas, estudiantes, funcionarios de seguridad y militares de ambos bandos. Este registro evidencia un aspecto frecuentemente relegado en el relato político del 4F: el costo humano de la operación, que afectó tanto a insurgentes como a leales y a civiles atrapados en el fuego cruzado.
Consecuencias políticas y legado histórico de la Operación Zamora
Tras el fracaso del golpe, los principales participantes fueron detenidos y recluidos en el cuartel San Carlos y en la cárcel de Yare. Durante el propio gobierno de Pérez se produjeron sobreseimientos parciales, y en la segunda presidencia de Rafael Caldera se otorgaron medidas que permitieron la liberación de los militares implicados en ambas intentonas de 1992.
El sistema político, en cambio, no se recuperó. El 21/05/1993, el Congreso Nacional destituyó a Carlos Andrés Pérez para someterlo a juicio por malversación de fondos públicos. La crisis de legitimidad del puntofijismo se profundizó, ampliando el espacio para una alternativa antisistema.
Del MBR-200 al Movimiento V República
El MBR-200 se disolvió formalmente en 1997 para dar paso al Movimiento V República (MVR), vehículo electoral que llevaría a Hugo Chávez a la Presidencia en 1998. Los antiguos comandantes del 4F siguieron trayectorias diversas: algunos se distanciaron del proyecto bolivariano, mientras otros se integraron plenamente al nuevo poder.
Interpretaciones encontradas y vigencia del 4F
A más de tres décadas de distancia, el 4 de febrero de 1992 sigue siendo objeto de interpretaciones contrapuestas. Para el discurso oficial bolivariano, se trata del “Día de la Dignidad”. Para sus detractores, fue el primer capítulo de un proyecto autoritario que erosionó las instituciones democráticas. Desde una perspectiva historiográfica, la Operación Zamora debe entenderse como la confluencia de la crisis del modelo rentista, la politización de sectores de la oficialidad media y la capacidad de un liderazgo carismático para convertir una derrota militar en capital político.
Véase también
• Pacto de Puntofijo: Democracia pactada en Venezuela
• CAP II: El segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez
Fuentes Oficiales
- Fundación Empresas Polar – Diccionario de Historia de Venezuela: 4 de febrero de 1992
- Presidencia de la República Bolivariana de Venezuela – Archivo Histórico: 4 de febrero de 1992
- Ministerio del Poder Popular de Economía y Finanzas – Memoria Histórica: MBR-200
- Archivo Digital del Comandante Hugo Chávez – Juramento del Samán de Güere
- Pino Iturrieta, E. (Coord.). (2006). Historia Global de Venezuela: Vol. III. Independencia y siglo XIX. Editorial Globe. ISBN 978-980-6427-16-7. Depósito Legal: lf 53220059002282.
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